Dentro de una tormenta de niebla, Poncia, la criada de Bernarda Alba, reza por la muerte de Adela. La casa se ha sumido en un mar de silencio. Poncia habla sola y también con ellas, con Bernarda Alba y sus hijas. Sus reflexiones, soliloquios y diálogos con fantasmas y sombras brindan una perspectiva diferente dentro de la casa. Habla de suicidio, libertad, culpa, clase, educación y sexo con fuerza después de haber sido tanto tiempo callada.